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Se llama Vocación

domingo, 27 de mayo de 2012

Solemnidad de Pentecostés: Aire



Había una vez un escultor que después de más de un año de trabajo dio por terminada su obra. Aquel bloque de mármol se había convertido en dos extraordinarias esculturas que representaban a un hombre y a una mujer. Aunque recibió todo tipo de felicitaciones él no se encontraba muy conforme con su obra pues veía que le faltaba algo. Tras mucho pensar se dio cuenta de que lo que pasaba es que ambas esculturas no podían hablar. Él pensaba que solo estarían terminadas si lograba que se comunicasen. Pero todos sus intentos fueron inútiles y al final se dio por vencido.

El evangelio de hoy nos dice que Jesús exhaló el Espíritu sobre los discípulos al igual que hizo el Creador con el primer ser humano. Con este gesto comienza pues a partir de ahora la nueva creación, los discípulos pasan a ser hombres nuevos y se lanzan automáticamente a dar testimonio de la resurrección, pues la paz está con ellos y los acompaña. Pero las resonancias con el Antiguo Testamento las encontramos también en la descripción de la venida del Espíritu Santo que nos ha ofrecido san Lucas en la primera lectura de los Hechos de los apóstoles. El Espíritu llega en medio de viento y fuego, al igual que Yahvé se presentaba en el Sinaí. El Espíritu lo llena todo igual que el viento, y lo enciende todo como el fuego. Todos comienzan a hablar en lenguas pero no como en Babel sino que aquí hay una unidad, un código común: el amor que nos capacita para el diálogo y el encuentro. Es este encuentro una dimensión muy importante ya que el Espíritu hace que sea posible la unidad en la diversidad, como nos dice san Pablo en la segunda lectura de hoy. El Espíritu no entiende de diferenciación pero sí de diversidad ya que a todos llena y comunica su fuerza de amor. La Iglesia nos une a todos por medio del bautismo aunque cada uno desde nuestra condición particular realicemos distintas funciones, distintos servicios a la comunidad. El Espíritu no adocena ni enjaula sino que es fuente de vida, de libertad y de amor a Dios y al prójimo como imagen suya. En Pentecostés, el Espíritu respeta las lenguas y los pueblos, no queramos ahora nosotros unificarlo, implantar un pensamiento único, pues echaríamos al Espíritu. Hemos de saber vivir con la diferencia desde el respeto mutuo y el diálogo constructivo, dentro y fuera de nuestra Iglesia.

El Espíritu ha sido el gran olvidado de la historia de la Iglesia pues parecía reservado a la jerarquía y a un exclusivo grupo de personas dotadas de cualidades especiales. Pero el Espíritu está ahí, en medio de la vida y del mundo, creando y recreando todos los espacios donde aparece la debilidad. Es un Espíritu de vida. Nosotros hemos de acoger al Espíritu, que se derrama continuamente sobre nosotros, como quien acoge un don precioso. Nunca tenemos que dejar de pedirlo pues no es algo nuestro sino un regalo de Dios. La oración es el momento privilegiado para acoger el Espíritu pero también lo recibimos en los sacramentos, como un verdadero don de Dios.

Hoy, último día de la Pascua, es el día del Espíritu: el Espíritu de Dios llenó la vida de Jesús; así vivió para los demás, para todos; y nos mostró el verdadero rostro de Dios. Jesús nos ha entregado su Espíritu: nos hace hijos de Dios y nos capacita para ser continuadores de su obra. Celebramos también el día del apostolado seglar y de la acción católica. Como bautizados debemos dar testimonio de nuestra fe en medio de la humanidad, por medio de palabras y sobre todo de obras. Que no nos quedemos en el discurso fácil de piedad rancia sino pasemos a una acción solidaria, sensible, abierta y caritativa en nuestro entorno más cercano, dispuestos al encuentro y al diálogo. De ese modo nos convertiremos en esa creación nueva y dejaremos de ser esculturas del mejor mármol. Dice san Agustín: Si queréis recibir la vida del Espíritu Santo, conservad la caridad, amad la verdad y desead la unidad.

Roberto Sayalero Sanz, agustino recoleto. Colegio San Agustín (Valladolid, España)

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Bienaventuranzas de Pentecostés


Felices quienes se reúnen en torno al viento del Espíritu para dejarse transformar cada día por él.

Felices quienes se dejan conducir por la luz del Espíritu y no le ponen trabas, obstáculos, impedimentos, inconvenientes.

Felices quienes reconocen sus debilidades y se dejan fortalecer por el Espíritu de Dios.

Felices quienes viven la novedad radical del Espíritu, para no quedarse nunca anclados en el pasado, vivir la realidad del presente y estar abiertos a la sorpresa del futuro.

Felices quienes se dejan rejuvenecer por el Espíritu y dejan colgados en el perchero del olvido los viejos vestidos llenos de remiendos.

Felices quienes se dejan fascinar y refrescar por la brisa del Espíritu, quienes reconocen en ella la presencia vivificante de Dios en sus vidas.

Felices quienen viven con un espíritu de solidaridad, empeño, ternura, cuidado y consuelo.

Felices quienes no dejan que el Espíritu quede aprisionado, quienes recrean cada día las palabras e intuiciones del Espíritu, quienes se dejan habitar por la libertad radical del Espíritu.

(Miguel Ángel Mesa Bouzas. Bienventuranzas de la vida, PPC)
Publicado por El Baron Rampante

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Domingo de Pentecostés (Jn 15, 26-27. 16, 12-15) ciclo B: Esa persona



Hoy quiero hablarles de una Persona Maravillosa, así con mayúsculas, que tiene harto poder e influencia, pero que, por su modestia y discreción, nadie lo creería. Es además superagradable y su trato dignifica y enriquece. Uno quisiera estar siempre a su lado, pues es como fuente del mayor consuelo. Es descanso en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. ¿Han adivinado quién es la Persona a la que me refiero? Pues les felicito, porque aún para millones de los que creen en Él sigue siendo el Gran Desconocido. Les felicito por haber adivinado que me estoy refiriendo a la Persona Divina del Espíritu Santo.

Hoy son muchos los que han oído su nombre y hablar de Él, pero son pocos los que lo invocan a diario -¿y ustedes sí?- , y menos los que se ponen por entero a su disposición, para ser con Él testigos de Jesús Resucitado (Jn 15, 26-27). ¡Qué pena!, se nos ocurre decir. Pero esto no es sólo una pena sino una desgracia, una terrible desgracia. Porque el Espíritu Santo es todo lo que tenemos, es cuanto el Padre Dios y el Hijo Jesucristo nos han dejado para continuar su obra en el mundo. Estamos en el Tiempo o Era del Espíritu Santo, que procede del Padre y del Hijo, uniéndolos en el amor y continuando su obra .en el universo. O entramos de lleno en el tren del Espíritu y seguimos adelante (construyendo la historia con Él) o se nos pasa el tren y quedamos varados en la estación (vegetando pobremente).

Es la hora de reaccionar y de confiar plenamente en el Espíritu Santo, como lo hicieron el Padre y Jesucristo. En efecto, cuando decimos que el Creador descansó al Séptimo día, lo que estamos diciendo es que su Espíritu lo relevó (tomó el relevo) en la conducción del universo y de la historia. Y cuando decimos que Jesucristo, terminada su obra, subió al cielo, lo que estamos diciendo es que el Espíritu Santo lo relevó (tomó el relevo) de su Misión Santificadora y Salvadora en el mundo.

Todo ha sido puesto a disposición del Espíritu, quien es el que lleva adelante la obra de Dios Padre y de Jesucristo. Y lo grande es que, por voluntad del Padre y de Jesucristo, la lleva a cabo contando con nosotros. (Jn 16,14), constituidos en Iglesia. El Padre Dios y Jesús continúan como modelo y fuente, pero es al Espíritu Santo a quien le toca trabajar y administrar “los materiales” que Ellos dejaron (la creación del Padre y la Redención del Hijo con su enseñanza, ejemplos, sacramentos, etc.), hasta completar la obra. Lo que hace, principalmente por medio de la Iglesia, que Jesucristo fundó (Mt 16, 18-19; Jn 15, 26-27)

El Espíritu Santo y Pentecostés son un millón de cosas más, en sí mismos y en relación con el Reino de Dios, la Iglesia, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos, esta vida (universo e historia) y la vida eterna … Pidamos que el Espíritu Santo renueve nuestras vidas y las del mundo entero. ¡Ven, Espíritu Santo, ven! (Jn 15, 26-27; 16, 12-15)

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¿Peregrino o vagabundo espiritual?


Publicado por El Evangelio en Casa

Domingo 27 de mayo – Fiesta de PENTECOSTÉS

¿Quién es el Espíritu Santo? Es la promesa. Es el abogado. Es el que acude en nuestro auxilio cuando se lo invoca. Es quién viene a llevar a la plenitud la obra de salvación. Es, en definitiva, el que obra en nosotros ese proceso de transformación que nos llevará a la divinización. El que forja en nosotros la semejanza con Dios.
Esta es la misión del Espíritu Santo. Llevar a la plenitud la creación de Dios. Realizar el sueño de Dios de que lleguemos a ser uno con Él, como Cristo y el Padre son uno. Desde toda la eternidad Dios padre nos soñó junto a Él, y su obra de salvación no es otra cosa que su amor atrayéndonos hacia él. Este es el Espíritu, el amor de Dios que nos empuja hacia esa comunión profunda con quien es el origen y fin de nuestra existencia.
Este proceso de ser semejantes a Dios se realiza en nuestra historia personal. En las decisiones de nuestra vida. En el ejercicio de nuestra libertad. Estamos en camino hacia esa unión personal con Dios, en compañía del Espíritu Santo.
El hecho de caminar hacia el encuentro con Dios nos convierte en peregrinos del espíritu, pero siempre cabe la posibilidad de que elijamos convertirnos en vagabundos espirituales.
¿Cómo discernir si nuestro caminar es de peregrinos o vagabundos? ¿Cómo saber si nuestro peregrinar acontece bajo la acción del Espíritu de Dios?
Quiero compartir a continuación algunos puntos que me inspiró la lectura del libro de P. Francis Nemeck, O.M.I. El autor ofrece, con agudeza desafiante, claves para discernir entre peregrinar bajo la acción del Espíritu de Dios o vagabundear espiritualmente.
Los peregrinos del espíritu saben encontrar a Dios en las cosas creadas. Saben apreciar la obra de Dios, y tienen por ella respeto y admiración. Por el contrario, los vagabundos huyen del contacto con la realidad hacia dimensiones “espiritualistas” que no hacen otra cosa que deshumanizarlos. Llegan incluso a definirse como “personas religiosas” y “comprometidas” mientras juzgan a los demás con crueldad.
Los peregrinos tienden a establecer amistades profundas, a colaborar. Sienten el deseo de formar parte “de”, de colaborar “con”, de donar su tiempo “para”. Por el contrario, los vagabundos espirituales, no son propensos a establecer relaciones sanas y duraderas. Suelen tener problemas de comunicación y básicamente son pocos sociables. Son los que quieren llegar a Dios a base de romper con el mundo. Pero si se comprometen o asumen responsabilidades lo hacen apartando a los demás y no dejando que nadie se interponga entre ellos y lo que “se debe hacer”. El vagabundo, de personalidad egocéntrica, busca su propia santidad independiente de la caridad y solidaridad con los demás.
Los peregrinos, son comprometidos con la realidad que les toca vivir. No espiritualizan vanamente la realidad, sino que saben tomar lo bueno de los acontecimientos y sopesar las dificultades que la misma vida acarrea. Los vagabundos, por el contrario, suelen ser personas que con frecuencia se privan a sí mismos de alegría y placer. Y cuando encuentran placer en algo, les da culpa y remordimiento.
La ascética cristiana y la autodisciplina siempre serán necesarias, pero dentro de sus propios límites.
Los peregrinos del espíritu normalmente piensan más en los demás que en sí mismos. Están atentos a las necesidades de los demás y dispuestos a renunciar a sus propios criterios para favorecer la unión y acrecentar la comunión. Los vagabundos espirituales, se cierran sobre sí mismos y rehúyen a un compromiso serio. No quieren implicarse y generalmente son propensos a justificar su falta de integración responsabilizando a los demás de ser “pocos espirituales y devotos”. Los vagabundos suelen cobijarse bajo alguna “autoridad espiritual” para lograr protección y cuidado. Buscan la cercanía con el poder para sentirse fuertes.
El peregrino espiritual, no es aquel que se queda apegado a las cosas, sino que vive su compromiso hasta el fondo, traspasando todo lo creado, hasta llegar a la verdadera meta que es Dios. Pero lo hace afrontando el “aquí y ahora” de su vida. En contacto con la realidad que le toca vivir.
Al peregrino del espíritu se le ve dispuesto a tomar riesgos. Cuando se dan cuenta de que Dios les marca un nuevo camino, están dispuestos a abandonar sus seguridades para adentrase en lo nuevo y desconocido. El vagabundo espiritual muy por el contrario, se aferra a sus seguridades. Esta apegado a la norma, a la ley, a la autoridad para salvaguardarse. Desconfía de los cambios y se llama a sí mismo “prudente” para disimular su cobardía.
Ante el discernimiento, los peregrinos del espíritu, están abiertos a descubrir a Dios a través del sentido común, de las autoridades legítimas, de los amigos, de las innumerables situaciones que les toca vivir. Los vagabundos espirituales, rehúsan a encontrar a Dios en lo “común” y cotidiano de su vida. Tienden a poner toda clase de restricciones sobre el modo como Dios puede comunicárseles. Creen tener línea directa con el Señor y aseguran que se les revela sólo por intervención directa. Rechazan obstinadamente al aceptar interpelaciones o sugerencias de nadie. Exigiendo a sí mismos y a los demás una adhesión rígida a la letra de la ley, permaneciendo ajenas al espíritu de ésta. Se muestran guardianes de la ortodoxia para justificar su proceder y para esconder sus verdaderas motivaciones.
Por último, para conocer si nuestro caminar es de peregrinos del espíritu o vagabundos espirituales es necesario ver cómo nos relacionamos con la soledad.
El peregrino espiritual, busca estar solo como necesidad integrante de su relación personal con Dios. Surge del anhelo de intimidad amorosa y serena. Por el contrario, el vagabundo espiritual, quiere de le dejen solo para seguir aislado. Su soledad es más huir de todo que estar con el Todo. Es más un retirarse de la vida que un esfuerzo por penetrar en las profundidades de ésta. O, por el contrario, multiplican exageradamente sus compromisos para tener la agenda llena. Buscan estar en “todo” y no perderse de “nada”.
En fin, el peregrino espiritual es una persona que vive en plenitud su “estar en el mundo” sin ser del mundo”; mientras que el vagabundo, no sólo huye del mundo, sino que además construye el suyo propio desentendiéndose de todo y de todos…
Pidamos al Espíritu Santo, que nos ayude a discernir nuestro camino en pos de esa unión íntima con Dios. Primero en relación con todo aquello que nos toca vivir, para luego recapitular toda nuestra historia en Él.



P. Javier Rojas sj

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Invocación al Espíritu Santo


ORACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Por Angel Moreno

Espíritu Santo, inspiración íntima que conduce hacia el bien, la verdad y la belleza. Luz interior, que ilumina la noche del alma, concediendo la certeza de la fe.

Amor de Dios, permanente destello de la relación más sincera, incendio de la zarza ardiente, epifanía de la bondad divina en todo lo creado, que atrae y que enamora a la vez que envía.

Susurro en la conciencia que dicta con voz de brisa la recreación, y convierte lo que existe en testigo del Ser que lo sostiene todo, humanización divina, divinización humana.

Horizonte infinito, Tú te abres después de todos los límites y fascinas al que busca. Tú alientas el deseo de hallazgo, mantienes en la espera atenta y restauras en todas las fronteras la esperanza.

Espíritu Santo, que permaneces discreto en el hondón del alma. Sólo cuando uno se atreve a cruzar el abismo del silencio, en el aparente vacío de sí mismo, te encuentra colmando de presencia el espacio interior.
Llámame a entrar dentro de mí, donde Tú me habitas, para no cometer la injusticia de creerme solo, cuando Tú estás dentro, y de justificar mis huidas, cuando Tú me esperas para mantener el diálogo amoroso.

Déjame gustar el don más cierto, la vocación a la vida, la anchura de la fe, la plenitud del amor, la inquebrantable confianza, la expectación ardiente. Que aguarde en vigilia la hora de tu advenimiento, para saber interpretar el mensaje que me dictas en cada circunstancia. Que sepa leer la historia desde tu mirada y trascender la realidad, en medio de la prueba.

Cuando me aparto de tu mirada, la que llevo en las entrañas dibujada, me disperso y provoco un desierto desolador; mas cuando acierto a avanzar por la aridez del despojo en busca de tu aliento, respiro la dulzura indecible del acompañamiento secreto que más me afianza.

En las pruebas justifico mi evasión, mientras que Tú esperas a que, agotado por mis exilios, vuelva al recinto del amor, menesteroso y sediento. Espíritu, fuente y manantial de agua del santuario, sáciame de tu gracia.

Sé que eres el autor de mis logros, la respuesta a mi súplica, el descanso en mi fatiga, la tregua en mi trabajo, el cobijo en la hora aciaga, el techo que me cubre en la intemperie. Aunque no sea consciente de tu obrar en mí, no dejes de actuar, para que, con mi colaboración o con mi inconsciencia, te sirva de mediación para que otros experimenten tu apoyo.

Espíritu Santo, Defensor y Amigo, Tú eres respetuoso y sagaz: realiza en mí el proyecto que Dios quiere que yo lleve a término con su gracia, que eres Tú mismo, divino aliento.

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Ven, espíritu santo creador (Cristobal Fones sj)

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Evangelio Misionero del Día: 28 de Mayo de 2012 - VIII SEMANA DE PASCUA - Ciclo B


Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 17-27

Jesús se puso en camino. Un hombre corrió hacia Él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»
Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre».
El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo, Después, ven y sígueme».
Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!»
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios».
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible».


Cuando vivimos un tiempo gozoso –corto o largo- de cierta intensidad, lo que llega después siempre nos parece poco… Siempre nos parece “plano”, demasiado simple. En parte, porque nuestro cuerpo y nuestro espíritu tiene un límite: ¡no le cabe más!, necesita espacio y tiempo tranquilo para digerir lo gozado y para serenar lo cotidiano. Esto puede pasarnos tras los 50 días de Pascua cuando retomamos el Tiempo ordinario en la liturgia. Los “aleluyas” se reducen, hay menos cantos, menos flores, el cirio pascual se hace discretamente a un lado…
Hoy retomamos la 8ª semana del tiempo ordinario: una estupenda oportunidad para vivir con calma serena lo cotidiano de nuestra fe, pero sin espíritu plano, sin mirada gris, sin resacas espirituales que nos dejen empotrados en el sofá de la vida… ¡Ojalá!
Con demasiada frecuencia tendemos a buscar lo extraordinario. Nos gusta más ser héroes que ser santos. Todos tenemos dentro algo del joven rico del evangelio de hoy. Damos por hecho que la exigencia evangélica de la vida diaria “ya la cumplimos desde niños”. Queremos algo más… pero cuando se nos propone, retrocedemos. Damos por hecho que esto de alcanzar la vida eterna, de compartir la misma vida del Padre en Cristo tiene que ser algo hecho a fuerza de grandes metas pero, eso sí, las que yo misma decido, no las que Jesús me sugiere claramente:
Anda, vende lo que tienes, dale el dinero a los pobres, así tendrás un tesoro en el cielo, y luego sígueme.
Ya, Señor, pero yo no te preguntaba por eso… Es que eso no entraba en mis planes… Yo quiero algo más pero eso no… Yo quiero que me pidas lo que quiero dar y nada más que eso…
Y es entonces cuando Jesús nos mira con cariño y calla. Y a nosotros se nos queda el ceño fruncido y nos vamos… porque en verdad somos muy ricos…
No sería poco que al recomenzar esta semana del tiempo ordinario, el Espíritu Consolador nos haga ver esas pequeñas o grandes “riquezas” que a cada uno de nosotros nos tiene engañados y atados, creyendo que queremos seguir un poco más al Maestro pero incapaces de venderlo todo, ya sea un millón o un denario… ¿qué importa si no soy capaz de dejarlo atrás?

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Lecturas y Liturgia de las Horas: 28 de Mayo de 2012


OCTAVA SEMANA DE PASCUA

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pedro 1, 3-9

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo, a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, incontaminada e imperecedera, que ustedes tienen reservada en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder de Dios los conserva para la salvación dispuesta a ser revelada en el momento final.
Por eso, ustedes se regocijan a pesar de las diversas pruebas que deben sufrir momentáneamente: así, la fe de ustedes, una vez puesta a prueba, será mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego, y se convertirá en motivo de alabanza, de gloria y de honor el día de la Revelación de Jesucristo. Porque ustedes lo aman sin haberlo visto, y creyendo en Él sin verlo todavía, se alegran con un gozo indecible y lleno de gloria, seguros de alcanzar el término de esa fe, que es la salvación.

Palabra de Dios.


SALMO RESPONSORIAL 110, 1-2. 5-6. 9. 10c

R. ¡El Señor se acuerda eternamente de su Alianza!

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en la reunión y en la asamblea de los justos.
Grandes son las obras del Señor:
los que las aman desean comprenderlas. R.

Proveyó de alimento a sus fieles
y se acuerda eternamente de su Alianza.
Manifestó a su pueblo el poder de sus obras
dándole la herencia de las naciones. R.

Él envió la redención a su pueblo,
promulgó su Alianza para siempre:
Su Nombre es santo y temible.
¡EI Señor es digno de alabanza eternamente! R.



Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 10, 17-27

Jesús se puso en camino. Un hombre corrió hacia Él y, arrodillándose, le preguntó: «Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?»
Jesús le dijo: «¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre».
El hombre le respondió: «Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud».
Jesús lo miró con amor y le dijo: «Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo, Después, ven y sígueme».
Él, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes.
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: «¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!»
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: «Hijos míos, ¡qué difícil es entrar en el Reino de Dios! Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios».
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: «Entonces, ¿quién podrá salvarse?»
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: «Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para Él todo es posible».

Palabra del Señor.

LITURGIA DE LAS HORAS

TIEMPO ORDINARIO
LUNES DE LA SEMANA VIII
De la feria. Salterio IV

En la Argentina: MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA. (MEMORIA OBLIGATORIA), haga click aquí.

28 de mayo

LAUDES
(Oración de la mañana)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Señor, abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.

INVITATORIO

Ant. Demos vítores al Señor, aclamándolo con cantos.

Salmo 94 INVITACIÓN A LA ALABANZA DIVINA

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.

Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en su mano las simas de la tierra,
son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
la tierra firme que modelaron sus manos.

Venid, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.

Durante cuarenta años
aquella generación me repugnó, y dije:
Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino;
por eso he jurado en mi cólera
que no entrarán en mi descanso»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Himno: SEÑOR, COMO QUISIERA.

Señor, cómo quisiera
en cada aurora aprisionar el día,
y ser tu primavera
en gracia y alegría,
y crecer en tu amor más todavía.

En cada madrugada
abrir mi pobre casa, abrir la puerta,
el alma enamorada,
el corazón alerta,
y conmigo tu mano siempre abierta.

Ya despierta la vida
con su canción de ruidos inhumanos;
y tu amor me convida
a levantar mis manos
y a acariciarte en todos mis hermanos.

Hoy elevo mi canto
con toda la ternura de mi boca,
al que es tres veces santo,
a ti que eres mi Roca
y en quien mi vida toda desemboca. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Por la mañana, sácianos de tu misericordia, Señor.

Salmo 89 - BAJE A NOSOTROS LA BONDAD DEL SEÑOR

Señor, tú has sido nuestro refugio
de generación en generación.

Antes que naciesen los montes
o fuera engendrado el orbe de la tierra,
desde siempre y por siempre tú eres Dios.

Tú reduces el hombre a polvo,
diciendo: «Retornad, hijos de Adán.»
Mil años en tu presencia
son un ayer, que pasó;
una vigilia nocturna.

Los siembras año por año,
como hierba que se renueva:
que florece y se renueva por la mañana,
y por la tarde la siegan y se seca.

¡Cómo nos ha consumido tu cólera
y nos ha trastornado tu indignación!
Pusiste nuestras culpas ante ti,
nuestros secretos ante la luz de tu mirada:
y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera,
y nuestros años se acabaron como un suspiro.

Aunque uno viva setenta años,
y el más robusto hasta ochenta,
la mayor parte son fatiga inútil,
porque pasan aprisa y vuelan.

¿Quién conoce la vehemencia de tu ira,
quién ha sentido el peso de tu cólera?
Enséñanos a calcular nuestros años,
para que adquiramos un corazón sensato.

Vuélvete, Señor, ¿hasta cuándo?
Ten compasión de tus siervos;
por la mañana sácianos de tu misericordia,
y toda nuestra vida será alegría y júbilo.

Danos alegría, por los días en que nos afligiste,
por los años en que sufrimos desdichas.
Que tus siervos vean tu acción,
y sus hijos tu gloria.

Baje a nosotros la bondad del Señor
y haga prósperas las obras de nuestras manos.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Por la mañana, sácianos de tu misericordia, Señor.

Ant. 2. Llegue la alabanza del Señor hasta el confín de la tierra.

Cántico: CANTICO NUEVO AL DIOS VENCEDOR Y SALVADOR Is 42, 10-16

Cantad al Señor un cántico nuevo,
llegue su alabanza hasta el confín de la tierra;
muja el mar y lo que contiene,
las islas y sus habitantes;

alégrese el desierto con sus tiendas,
los cercados que habita Cadar;
exulten los habitantes de Petra,
clamen desde la cumbre de las montañas;
den gloria al Señor,
anuncien su alabanza en las islas.

El Señor sale como un héroe,
excita su ardor como un guerrero,
lanza el alarido,
mostrándose valiente frente al enemigo.

«Desde antiguo guardé silencio,
me callaba y aguantaba;
mas ahora grito como la mujer cuando da a luz,
jadeo y resuello.

Agostaré montes y collados,
secaré toda su hierba,
convertiré los ríos en yermo,
desecaré los estanques;
conduciré a los ciegos
por el camino que no conocen,
los guiaré por senderos que ignoran.
Ante ellos convertiré la tiniebla en luz,
lo escabroso en llano.»

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Llegue la alabanza del Señor hasta el confín de la tierra.

Ant. 3. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

Salmo 134 1-12 - HIMNO A DIOS POR SUS MARAVILLAS

Alabad el nombre del Señor,
alabadlo, siervos del Señor,
que estáis en la casa del Señor,
en los atrios de la casa de nuestro Dios.

Alabad al Señor porque es bueno,
tañed para su nombre, que es amable.
Porque él se escogió a Jacob,
a Israel en posesión suya.

Yo sé que el Señor es grande,
nuestro dueño más que todos los dioses.
El Señor todo lo que quiere lo hace:
en el cielo y en la tierra,
en los mares y en los océanos.

Hace subir las nubes desde el horizonte,
con los relámpagos desata la lluvia,
suelta a los vientos de sus silos.

Él hirió a los primogénitos de Egipto,
desde los hombres hasta los animales.
Envió signos y prodigios
-en medio de ti, Egipto-
contra el Faraón y sus ministros.

Hirió de muerte a pueblos numerosos,
mató a reyes poderosos:
a Sijón, rey de los amorreos;
a Hog, rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
Y dio su tierra en heredad,
en heredad a Israel, su pueblo.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Alabad el nombre del Señor, los que estáis en la casa del Señor.

LECTURA BREVE Jdt 8, 21b-23

Recordad que Dios ha querido probarnos como a nuestros padres. Recordad lo que hizo con Abraham, las pruebas por que hizo pasar a Isaac, lo que aconteció a Jacob. Como les puso a ellos en el crisol para sondear sus corazones, así el Señor nos hiere a nosotros, los que nos acercamos a él, no para castigarnos, sino para amonestarnos.

RESPONSORIO BREVE

V. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.
R. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

V. Cantadle un cántico nuevo.
R. Que merece la alabanza de los buenos.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Aclamad, justos, al Señor, que merece la alabanza de los buenos.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.

Cántico de Zacarías. EL MESÍAS Y SU PRECURSOR Lc 1, 68-79

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo.
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su siervo,
según lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas:

Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.

Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.

Y a ti, niño, te llamarán Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación,
el perdón de sus pecados.

Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo.

PRECES

Ya que Cristo escucha y salva a cuantos en él se refugian, acudamos a él diciendo:

Escúchanos, Señor.

Te damos gracias, Señor, por el gran amor con que nos amaste;
continúa mostrándote con nosotros rico en misericordia.

Tú que con el Padre sigues actuando siempre en el mundo,
renueva todas las cosas con la fuerza de tu Espíritu.

Abre nuestros ojos y los de nuestros hermanos
para que podamos contemplar hoy tus maravillas.

Ya que nos llamas hoy a tu servicio,
haz que seamos buenos administradores de tu multiforme gracia en favor de nuestros hermanos.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Acudamos a Dios Padre, tal como nos enseñó Jesucristo:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Señor Dios, que encomendaste al hombre la guarda y el cultivo de la tierra, y creaste la luz del sol en su servicio, concédenos hoy que, con tu ayuda, trabajemos sin desfallecer para tu gloria y para el bien de nuestro prójimo. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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VÍSPERAS
Oración de la tarde

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

Himno: YA NO TEMO, SEÑOR, LA TRISTEZA

Ya no temo, Señor, la tristeza,
ya no temo, Señor, la soledad;
porque eres, Señor, mi alegría,
tengo siempre tu amistad.

Ya no temo, Señor, a la noche,
ya no temo, Señor, la oscuridad;
porque brilla tu luz en las sombras,
ya no hay noche, tú eres luz.

Ya no temo, Señor, los fracasos,
ya no temo, Señor, la ingratitud;
porque el triunfo, Señor, en la vida,
tú lo tienes, tú lo das.

Ya no temo, Señor, los abismos,
ya no temo, Señor, la inmensidad;
porque eres, Señor, el camino
y la vida, la verdad. Amén.

SALMODIA

Ant. 1. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Salmo 135 I - HIMNO A DIOS POR LAS MARAVILLAS DE LA CREACIÓN Y DEL ÉXODO.

Dad gracias al Señor porque es bueno:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios de los dioses:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Señor de los señores:
porque es eterna su misericordia.

Sólo él hizo grandes maravillas:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo sabiamente los cielos:
porque es eterna su misericordia.

El afianzó sobre las aguas la tierra:
porque es eterna su misericordia.

Él hizo lumbreras gigantes:
porque es eterna su misericordia.

El sol que gobierna el día:
porque es eterna su misericordia.

La luna que gobierna la noche:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dad gracias al Señor, porque es eterna su misericordia.

Ant. 2. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Salmo 135 II

El hirió a Egipto en sus primogénitos:
porque es eterna su misericordia.

Y sacó a Israel de aquel país:
porque es eterna su misericordia.

Con mano poderosa, con brazo extendido:
porque es eterna su misericordia.

Él dividió en dos partes el mar Rojo:
porque es eterna su misericordia.

Y condujo por en medio a Israel:
porque es eterna su misericordia.

Arrojó en el mar Rojo al Faraón:
porque es eterna su misericordia.

Guió por el desierto a su pueblo:
porque es eterna su misericordia.

Él hirió a reyes famosos:
porque es eterna su misericordia.

Dio muerte a reyes poderosos:
porque es eterna su misericordia.

A Sijón, rey de los amorreos:
porque es eterna su misericordia.

Y a Hog, rey de Basán:
porque es eterna su misericordia.

Les dio su tierra en heredad:
porque es eterna su misericordia.

En heredad a Israel, su siervo:
porque es eterna su misericordia.

En nuestra humillación se acordó de nosotros:
porque es eterna su misericordia.

Y nos libró de nuestros opresores:
porque es eterna su misericordia.

Él da alimento a todo viviente:
porque es eterna su misericordia.

Dad gracias al Dios del cielo:
porque es eterna su misericordia.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente.

Ant. 3. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

Cántico: EL PLAN DIVINO DE SALVACIÓN - Ef 1, 3-10

Bendito sea Dios,
Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que nos ha bendecido en la persona de Cristo
con toda clase de bienes espirituales y celestiales.

El nos eligió en la persona de Cristo,
antes de crear el mundo,
para que fuésemos consagrados
e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo,
por pura iniciativa suya,
a ser sus hijos,
para que la gloria de su gracia,
que tan generosamente nos ha concedido
en su querido Hijo,
redunde en alabanza suya.

Por este Hijo, por su sangre,
hemos recibido la redención,
el perdón de los pecados.
El tesoro de su gracia, sabiduría y prudencia
ha sido un derroche para con nosotros,
dándonos a conocer el misterio de su voluntad.

Éste es el plan
que había proyectado realizar por Cristo
cuando llegase el momento culminante:
hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza,
las del cielo y las de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Dios proyectó hacer que todas las cosas tuviesen a Cristo por cabeza, cuando llegase el momento culminante.

LECTURA BREVE 1Ts 3, 12- 13

Que el Señor os haga aumentar y rebosar en amor de unos con otros y con todos, así como os amamos nosotros, para que conservéis vuestros corazones intachables en santidad ante Dios, Padre nuestro, cuando venga nuestro Señor Jesucristo con todos sus santos.

RESPONSORIO BREVE

V. Suba, Señor, a ti mi oración.
R. Suba, Señor, a ti mi oración.

V. Como incienso en tu presencia.
R. A ti mi oración.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. Suba, Señor, a ti mi oración.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

Cántico de María. ALEGRÍA DEL ALMA EN EL SEÑOR Lc 1, 46-55

Proclama mi alma la grandeza del Señor,
se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;
porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,
porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:
su nombre es santo,
y su misericordia llega a sus fieles
de generación en generación.

El hace proezas con su brazo:
dispersa a los soberbios de corazón,
derriba del trono a los poderosos
y enaltece a los humildes,
a los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide vacíos.

Auxilia a Israel, su siervo,
acordándose de su misericordia
-como lo había prometido a nuestros padres-
en favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Proclame mi alma tu grandeza, Dios mío.

PRECES

Llenos de confianza en el Señor Jesús que no abandona nunca a los que se acogen a él, invoquémosle diciendo:

Escúchanos, Señor, Dios nuestro.

Señor Jesucristo, tú eres nuestra luz; ilumina a tu Iglesia
para que proclame a todas las naciones el gran misterio de piedad manifestado en tu encarnación.

Guarda a los sacerdotes y ministros de la Iglesia,
y haz que con su palabra y su ejemplo edifiquen tu pueblo santo.

Tú que, por tu sangre, pacificaste el mundo,
aparta de nosotros el pecado de discordia y el azote de la guerra.

Ayuda, Señor, a los que uniste con la gracia del matrimonio,
para que su unión sea efectivamente signo del misterio de la Iglesia.

Se pueden añadir algunas intenciones libres.

Concede, por tu misericordia, a todos los difuntos el perdón de sus faltas,
para que sean contados entre tus elegidos.

Unidos a Jesucristo, supliquemos ahora al Padre con la oración de los hijos de Dios:

Padre nuestro...

ORACIÓN

Quédate con nosotros, Señor Jesús, porque el día ya se acaba; sé nuestro compañero de camino, levanta nuestros corazones, reanima nuestra esperanza; así nosotros, junto con nuestros hermanos, podremos reconocerte en las Escrituras y en la fracción del pan. Tú que vives y reinas con el Padre en la unidad del Espíritu Santo y eres Dios, por los siglos de los siglos. Amén.

CONCLUSIÓN

V. El Señor nos bendiga, nos guarde de todo mal y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.


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COMPLETAS
(Oración antes del descanso nocturno)

INVOCACIÓN INICIAL

V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.

EXAMEN DE CONCIENCIA

Hermanos, habiendo llegado al final de esta jornada que Dios nos ha concedido, reconozcamos sinceramente nuestros pecados.

Yo confieso ante Dios todopoderoso
y ante vosotros, hermanos,
que he pecado mucho
de pensamiento, palabra, obra y omisión:
por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa.

Por eso ruego a santa María, siempre Virgen,
a los ángeles, a los santos y a vosotros, hermanos,
que intercedáis por mí ante Dios, nuestro Señor.

V. El Señor todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados y nos lleve a la vida eterna.
R. Amén.

Himno: SE INCLINA YA MI FRENTE

Se inclina ya mi frente,
sellado está el trabajo;
Señor, tu pecho sea
la gracia del descanso.

Mis ojos se retiran,
la voz deja su canto,
pero el amor enciende
su lámpara velando.

Lucero que te fuiste,
con gran amor amado,
en tu gloria dormimos
y en sueños te adoramos. Amén.

SALMODIA

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

Salmo 85 - ORACIÓN DE UN POBRE ANTE LAS DIFICULTADES.

Inclina tu oído, Señor; escúchame,
que soy un pobre desamparado;
protege mi vida, que soy un fiel tuyo;
salva a tu siervo, que confía en ti.

Tú eres mi Dios, piedad de mí, Señor,
que a ti te estoy llamando todo el día;
alegra el alma de tu siervo,
pues levanto mi alma hacia ti;

porque tú, Señor, eres bueno y clemente,
rico en misericordia con los que te invocan.
Señor, escucha mi oración,
atiende a la voz de mi súplica.

En el día del peligro te llamo,
y tú me escuchas.
No tienes igual entre los dioses, Señor,
ni hay obras como las tuyas.

Todos los pueblos vendrán
a postrarse en tu presencia, Señor;
bendecirán tu nombre:
«Grande eres tú, y haces maravillas;
tú eres el único Dios.»

Enséñame, Señor, tu camino,
para que siga tu verdad;
mantén mi corazón entero
en el temor de tu nombre.

Te alabaré de todo corazón, Dios mío;
daré gloria a tu nombre por siempre,
por tu grande piedad para conmigo,
porque me salvaste del abismo profundo.

Dios mío, unos soberbios se levantan contra mí,
una banda de insolentes atenta contra mi vida,
sin tenerte en cuenta a ti.

Pero tú, Señor, Dios clemente y misericordioso,
lento a la cólera, rico en piedad y leal,
mírame, ten compasión de mí.

Da fuerza a tu siervo,
salva al hijo de tu esclava;
dame una señal propicia,
que la vean mis adversarios y se avergüencen,
porque tú, Señor, me ayudas y consuelas.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Tú, Señor, eres clemente y rico en misericordia.

LECTURA BREVE 1Ts 5, 9-10

Dios nos ha puesto para obtener la salvación por nuestro Señor Jesucristo, que murió por nosotros, para que, velando o durmiendo, vivamos junto con él.

RESPONSORIO BREVE

V. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

V. Tú, el Dios leal, nos librarás.
R. Te encomiendo mi espíritu.

V. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R. En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu.

CÁNTICO EVANGÉLICO

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

CÁNTICO DE SIMEÓN Lc 2, 29-32

Ahora, Señor, según tu promesa,
puedes dejar a tu siervo irse en paz,

porque mis ojos han visto a tu Salvador,
a quien has presentado ante todos los pueblos

luz para alumbrar a las naciones
y gloria de tu pueblo Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén

Ant. Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz.

ORACIÓN

OREMOS,
Concede, Señor, a nuestros cuerpos fatigados el descanso necesario, y haz que la simiente del reino que con nuestro trabajo hemos sembrado hoy crezca y germine para la cosecha de la vida eterna. Por Cristo nuestro Señor.
Amén

BENDICIÓN

V. El Señor todopoderoso nos conceda una noche tranquila y una santa muerte.
R. Amén.

ANTÍFONA FINAL DE LA SANTÍSIMA VIRGEN

Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades,
antes bien líbranos de todo peligro,
oh Virgen gloriosa y bendita.

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sábado, 26 de mayo de 2012

EL ESPÍRITU ESTÁ EN TODOS NOSOTROS POR IGUAL


Domingo de Pentecostés (Jn 15, 26-27. 16, 12-15) ciclo B
Por Fray Marcos

La fiesta de Pentecostés está encuadrada en la pascua, más aún, es la culminación de todo el tiempo pascual. Las primeras comunidades tenían claro que todo lo que estaba pasando en ellas era obra del Espíritu. Todo lo que había realizado el Espíritu en Jesús, lo estaba realizando ahora en cada uno de ellos. Todo esto queda reflejado en la idea de Pentecostés. Es el símbolo de la acción espectacular de Espíritu a través de Jesús.

También para cada uno de nosotros, celebrar la Pascua significa descubrir la presencia en nosotros del Espíritu, que debe llevar a cabo la misma obra que en Jesús y en los primeros cristianos.

Ninguno de los aspectos pascuales debemos considerarlos como aconteci¬mientos históricos ocurridos en Jesús. Todos ellos expresan realidades que no pueden ser objeto de historia, sino solo de fe. No son fenómenos constatables por los sentidos; son realidades de otro plano y por lo tanto no pueden ser percibidas por nuestros sentidos.

Si las descubrimos y vivimos, sus efectos sí son históricos en nosotros. Cuando empleamos conceptos y palabras, únicamente adecuadas para expresar realidades terrenas, empieza el conflicto. Ni podemos expresarlas bien ni pueden ser objeto de nuestro conocimiento racional. A estas verdades solo se puede acceder por la experiencia interior.

Creo que todos admitiréis la extrema dificultad que supone ponernos a hablar del Espíritu Santo. Es como querer sujetar el viento o congelar la vida en una imagen. ¡No hay manera! De todas formas, siempre que hablamos de Dios, hablamos del Espíritu, porque Dios es Espíritu.

Pentecostés era una fiesta judía que conmemoraba la alianza del Sinaí (Ley), y que se celebraba a los cincuenta días de la Pascua. Nosotros celebramos hoy la venida del Espíritu, también a los cincuenta días de la Pascua. Queremos significar con ello que el fundamento de la nueva comunidad no es la "Ley" sino el "Espíritu".

Tanto el "ruah" hebreo como el "pneuma" griego, significan, en primer lugar, viento. La raíz de esta palabra en todas las lenguas semíticas es rwh que significa el espacio atmosférico existente entre el cielo y la tierra, que puede estar en calma o en movimiento. Significaría el ambiente vi¬tal del que los seres vivos beben la vida.

En estas culturas el signo de vida era la respiración. Ruah vino a significar soplo vital. Cuando Dios modela al hombre de barro, le sopla en la nariz el hálito de vida. En el evangelio que hemos leído hoy, Jesús exhala su aliento para comunicar el Espíritu.

Para ellos todos los seres participaban de la vida. La misma tierra era concebida como un ser vivo, el viento era su respiración. Su comparación con la vida, sigue siendo el mejor camino para intentar comprender lo que significa "Espíritu"; No sabemos qué es la vida, pero vivimos.

No es tan corriente como suele creerse el uso específicamente teológico del término "ruah" (espíritu). Solamente en 20 pasajes de las 389 veces que aparece en el AT, podemos encontrar este sentido.

En los textos más antiguos se habla del espíritu de Dios que capacita puntualmente a alguna persona, para llevar a cabo una misión concreta que salva al pueblo de algún peligro. Con la monarquía el Espíritu se convierte en un don permanente para el monarca (ungido). De aquí se pasa a hablar del Mesías como portador del Espíritu. Solo después del exilio, se habla también del don del espíritu a todo el pueblo.

En el NT, "espíritu" tiene un significado fluctuante, hasta cierto punto, todavía judío. El mismo término "ruah" se presta a asumir un significado figurado o simbólico. Solamente en algunos textos de Juan parece tener el significado de una persona distinta de Dios o de Jesús. "Os mandaré otro consolador."

El NT no determina con precisión la relación de la obra salvífica de Jesús con la obra del Espíritu Santo No está claro si el Pneuma es una entidad personal o no. Jesús nace del Espíritu Santo, baja sobre él en el bautismo, es conducido por él al desierto, etc. A pesar de todo, no podemos pensar en un Jesús teledirigido por otra entidad desde fuera de él.

Según el NT, Cristo y el Espíritu desempeñan evidentemente la misma función. Dios es llamado Pneuma; y el mismo Cristo en algunas ocasiones. En unos relatos lo promete, en otros lo comunica. Unas veces les dice que la fuerza del Espíritu Santo está siempre con ellos, en otros dice que no les dejará desamparados, que él mismo estará siempre con ellos.

Hoy sabemos que el Espíritu Santo no es más que el mismo Dios bajo el aspecto de energía, fuerza, motor de toda Vida. Por lo tanto, forma parte de nosotros mismos y no tiene que venir de ninguna parte. Está en mí, antes de que yo mismo empezara a existir. Es el fundamento de mi ser y la causa de todas mis posibilidades de crecer en el orden espiritual. Nada puedo hacer sin él y nunca estaré privado de su presencia.

Ni siquiera es necesario el calificativo de Santo, porque eso supone que hay espíritus malignos, y esto para nosotros no tiene mucho sentido. Todas las oraciones encaminadas a pedir la venida del Espíritu, nacen de una ignorancia de lo que queremos significar con ese término. Lo que tenemos que hacer es tomar conciencia de su presencia y dejarle actuar en nosotros.

Está siempre en nosotros, pero no somos conscientes de ello y como Dios no puede violentar ninguna naturaleza, en realidad es como si no existiera para nosotros. Un ejemplo puede ilustrar esta idea. En una semilla, hay vida, pero en estado latente. Si no coloco la bellota en unas condiciones adecuadas, nunca se convertirá en un roble. Para que la vida que hay en ella se desarrolle, necesita una tierra, una humedad y una temperatura adecuada. Pero una vez que se encuentra en las condiciones adecuadas, es ella la que germina; es ella la que, desde dentro, desarrolla el árbol que llevaba en potencia.

Dios (Espíritu) es el mismo en todos y tiene que empujar hacia la misma meta. Pero como cada uno está en un "lugar" diferente, y a veces muy diverso, el camino que nos obliga a recorrer, será siempre distinto. Son pues los caminos los que distinguen a los que se dejan mover por el Espíritu, y no la meta hacia la que se dirigen. El labrador, el médico, el sacerdote tienen que tener el mismo objetivo vital si están movidos por el mismo Espíritu. Pero su tarea es completamente diferente.

¿Cuál es la meta a la que empuja el Espíritu? Este es el nudo gordiano de la cuestión. Una mayor humanidad es la manifestación de esa presencia del Espíritu. La mayor preocupación por los demás, es la mejor muestra de que uno se está dejando llevar por él. En cualquier persona que manifieste amor está el Espíritu.

Si Dios está en cada uno de nosotros a través del ser, está total y absolutamente como lo que es, simple y a la vez, absoluto. No hay manera de imaginar que pueda estar más en uno que en otro. En toda criatura se ha derramado todo el Espíritu.

En la posesión del Espíritu, no hay diferencia entre el campesino, el maestro, el sacerdote o el obispo. Esgrimir el Espíritu como garantía de autoridad, es la mejor prueba de que uno no se ha enterado de lo que tiene dentro. Porque tiene la fuerza del Espíritu, el campesino será responsable y solícito en su trabajo y con su familia. En nombre del mismo Espíritu, el obispo desempeñará las tareas propias de su cargo.

Siempre que queremos imponernos a los demás con cualquier clase de violencia, incluida la pretensión de hablar en nombre de Dios, estamos dejándonos llevar, no del Espíritu, sino de nuestro espíritu raquítico.

La presencia de Dios en nosotros, nos mueve a parecernos a Él. Pero si tenemos una falsa idea de Dios, nos metemos por un callejón sin salida. Con una idea de Dios que es poder, señorío y mando, que premia y castiga, intentaremos repetir esas cualidades en nosotros en nombre de Dios.

El intento de ser como Dios en el relato de la torre de Babel, queda contrarrestado en este relato que nos habla de reunir y unificar lo que era diverso. El único lenguaje que todo el mundo entiende es el amor. Si descubrimos el Dios de Jesús que es amor y don total, intentaremos repetir en nosotros ese Dios, amando, reconciliando y sirviendo a los demás.

Esta es la diferencia abismal entre seguir al Espíritu del que nos habla el evangelio, o seguir lo que nos dicta nuestro propio espíritu en nombre de un falso dios. Todas las religiones han caído en esta trampa.

Dios llega a nosotros desde lo hondo del ser, y acomodándose totalmente a la manera de ser de cada uno. Por eso la presencia del Espíritu nunca lleva a la uniformidad, sino que potencia la pluralidad. Pablo lo vio con claridad meridiana: formamos un solo cuerpo, pero cada uno es un miembro con una función diferente e igualmente útil para el todo.

Si no tenemos esto en cuenta, caeremos en la trampa de hacer clones en vez de personas. Esa uniformidad pretendida por los superiores en nombre del Espíritu, no tiene nada de evangélica, porque, lo que se intenta es que todos piensen y actúen como el superior. Si todos tocaran el mismo instrumento y la misma nota, no habría nunca sinfonía. Sólo la armonía de muchos sonidos diferentes nos lleva a disfrutar de la música.



Meditación-contemplación

El Espíritu es la clave de la VIDA.
Mi verdadero se es lo que hay de Dios en mí.
Dios en mí está como Espíritu que se me da.
Es el único y total Don de Dios a cada criatura.
.............
Desde nuestro ser aparente (lo que creemos ser),
debemos dar el salto a nuestra verdadera realidad.
Desde la parte reflejada del espejo,
tenemos que dar el salto al ser reflejado.
................
Mi verdadero ser y el ser de Dios no son dos realidades separadas
aunque yo sigo siendo yo y Dios sigue siendo Dios.
Para la razón es algo incomprensible.
Para el místico es la cosa más simple del mundo.
¡Inténtalo!
................

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Evangelio Misionero del Día: 27 de Mayo de 2012 - Domingo de Pentecostés - Ciclo B

Envíanos tu Espíritu

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 19-23

Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: «¡La paz esté con ustedes!»
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo:
«¡La paz esté con ustedes!
Como el Padre me envió a mí,
Yo también los envío a ustedes».

Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:
«Reciban el Espíritu Santo.
Los pecados serán perdonados
a los que ustedes se los perdonen,
y serán retenidos
a los que ustedes se los retengan».

Compartiendo la Palabra
Por José Antonio Pagola

Poco a poco, vamos aprendiendo a vivir sin interioridad. Ya no necesitamos estar en contacto con lo mejor que hay dentro de nosotros. Nos basta con vivir entretenidos. Nos contentamos con funcionar sin alma y alimentarnos solo de pan. No queremos exponernos a buscar la verdad. Ven Espíritu Santo y libéranos del vacío interior.

Ya sabemos vivir sin raíces y sin metas. Nos basta con dejarnos programar desde fuera. Nos movemos y agitamos sin cesar, pero no sabemos qué queremos ni hacia dónde vamos. Estamos cada vez mejor informados, pero nos sentimos más perdidos que nunca. Ven Espíritu Santo y libéranos de la desorientación.

Apenas nos interesan ya las grandes cuestiones de la existencia. No nos preocupa quedarnos sin luz para enfrentarnos a la vida. Nos hemos hecho más escépticos pero también más frágiles e inseguros. Queremos ser inteligentes y lúcidos. ¿Por qué no encontramos sosiego y paz? ¿Por qué nos visita tanto la tristeza? Ven Espíritu Santo y libéranos de la oscuridad interior.

Queremos vivir más, vivir mejor, vivir más tiempo, pero ¿vivir qué? Queremos sentirnos bien, sentirnos mejor, pero ¿sentir qué? Buscamos disfrutar intensamente de la vida, sacarle el máximo jugo, pero no nos contentamos solo con pasarlo bien. Hacemos lo que nos apetece. Apenas hay prohibiciones ni terrenos vedados. ¿Por qué queremos algo diferente? Ven Espíritu Santo y enséñanos a vivir.

Queremos ser libres e independientes, y nos encontramos cada vez más solos. Necesitamos vivir y nos encerramos en nuestro pequeño mundo, a veces tan aburrido. Necesitamos sentirnos queridos y no sabemos crear contactos vivos y amistosos. Al sexo le llamamos "amor" y al placer "felicidad", pero ¿quién saciará nuestra sed? Ven Espíritu Santo y enséñanos a amar.

En nuestra vida ya no hay sitio para Dios. Su presencia ha quedado reprimida o atrofiada dentro de nosotros. Llenos de ruidos por dentro, ya no podemos escuchar su voz. Volcados en mil deseos y sensaciones, no acertamos a percibir su cercanía. Sabemos hablar con todos menos con él. Hemos aprendido a vivir de espaldas al Misterio. Ven Espíritu Santo y enséñanos a creer.

Creyentes y no creyentes, poco creyentes y malos creyentes, así peregrinamos todos muchas veces por la vida. En la fiesta cristiana del Espíritu Santo a todos nos dice Jesús lo que un día dijo a sus discípulos exhalando sobre ellos su aliento: "Recibid el Espíritu Santo". Ese Espíritu que sostiene nuestras pobres vidas y alienta nuestra débil fe puede penetrar en nosotros por caminos que solo él conoce.

Difunde el Espíritu de Jesús. Pásalo.

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